"Cuando Tita sintió sobre sus hombros la ardiente mirada de Pedro, comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo."

martes, 4 de septiembre de 2012

Un breve café ... una delicia express




Llegué nerviosa a la entrevista, muy nerviosa. Faltaban todavía 40 minutos para la hora pactada. Caminé media cuadra y me encontré con Liber, un restaurante de cocina internacional así como un café tradicional, en Libertador y Libertad.
Luego de mirar la carta, opté por un café con crema en pocillo. No tardaron ni cinco minutos en disponer varios mozos, diligentemente sobre mi mesa, los siguientes alimentos y bebidas: un vaso de soda, el café con crema y un platito con una galletita y una mini tortita negra.


El café era muy rico, estaba a la temperatura de servicio correcta, con abundante crema, una espuma espesa, deliciosa. La infusión justa para el momento que estaba pasando ya que la intensidad del café me sacudió la ansiedad y el dulzor de la crema apaciguó mis ánimos. La tortita negra era crocante, aireada. Era una suerte de cracker con forma de budincito, cubierto con azúcar negra. Todo un
hallazgo, sin duda una buena razón para volver. La masa de la galletita era una especie de bay biscuit. Pero no la comí entera porque el dulce de esas galletitas no es santo de mi d
evoción. La atención también fue excelente, se acercaron en el momento justo a la mesa.
Como yo contaba con poco tiempo para distenderme realmente, saqué mi billetera antes de terminar el café. Sin hacer ningún gesto, un camarero se acercó con la cuenta. Ése fue un gran gesto de su parte que demostró atención y deseos de dejar al cliente satisfecho. ¡Punto para Liber!.
Por ése sólo hecho, subí un poquito la propina. Agradecida, me levanté y ... para cerrar tan breve pero exquisita merienda ... me abrieron la puerta con una sonrisa.



¿Dónde está Liber?




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